Por fin DICIEMBRE.
Desde que tengo uso de razón es la etapa más feliz del año.
La cuenta atrás hacia la Navidad ha comenzado y hay vía libre para poner en casa los adornos. Adornos navideños que este año centralizaré en la entrada de mi casa, junto a la cómoda que por fin he terminado de restaurar.
Es, con el trono, la pieza que más trabajo y tiempo me ha llevado, pero también una de las que más orgullosa me siento.
Aunque no todo el apego que siento por ella viene de las horas que he invertido poniéndola bonita, sino fundamentalmente de que es una herencia de la abuela de mi marido, y eso la hace muy especial.
Ya os hablaba hace unas semanas de que darle una lavado de cara a algunos de nuestros muebles heredados puede ser una gran idea para adaptarlos a los nuevos gustos e integrarlos en la decoración de las casas de hoy en día.
Desde que la recogimos, tenía claro que quería darle un cambio de look bastante radical, pero que fuera del todo con la personalidad de de la pieza, tan barroco, con todas esas volutas.




