Nuestra niña llegó hace mes y medio de noche y lloviendo a cántaros. Al más puro estilo abril, aguas mil.
Cuando una semana después salí de casa a dar una vuelta por primera vez después del parto, aluciné porque el paisaje de los alrededores había cambiado mucho. Todo estaba asalvajado. Los descampados y jardines habían crecido exageradamente y estaban verdes a rabiar.
Estaba claro, la primavera estaba aquí, y con ella nuestra florecilla había llegado.
Volver a escribir algo por aquí no ha sido fácil por la falta de tiempo y por lo que me está costando asentar tantos cambios. Esto está siendo intenso, duro, bonito, auténtico y animal...







