Para nosotros, la del sábado ha sido la segunda boda a la que asistimos desde que somos padres, y la primera vez que dejamos al bebé con los abuelos para pasar una noche fuera.
Fue despedirnos de Emma, coger el coche, y ya tenía el nudo agarrado en la garganta...No es que yo sea de las que no se despega. Para nada, porque nuestro bebé desde el principio ha pasado de mano en mano como se pasa la bola. Queríamos que fuera sociable, que se adaptara rápido a nuevas circunstancias y personas, sin perder de vista que no dejaba de ser una niña pequeña.
Afortunadamente creo que algo de eso se le ha pegado, y creo que también hemos tenido mucha suerte de concebir una bebé de naturaleza fácil y sonriente.
Reconozco que al final mereció mucho la pena. Disfrutar de ratitos solos en pareja es importante después de tantos meses de dedicación. Lo mítico de volver a ser como novios y deshacerte de la responsabilidad de atender a un ser pequeño por unas horas es muy sano.
Al principio es raro. Montarte en el coche sin maxi cosi y de copiloto (que aunque prefiera ir detrás con Emma, en realidad me mareo como una condenada) y todo el tiempo del mundo para maquearte... Pero al rato te vuelves ligera y disfrutas de esa facilidad de acción. Aunque el nudo sigue ahí porque la echas tanto de menos que prefieres no pensarlo.
Y todo esto es posible gracias al patrocinio de los abuelos. Esta expresión es creación de una compi de mi cole y pienso que no puede reflejar más fielmente la realidad...



































