En numerosas ocasiones he oído y leído que no hay mejor manera que entender a tus hijos que hacer memoria y recordar lo que sentíamos nosotros mismos cuando éramos niños.
La verdad es que yo tengo muy presente mi infancia en cada cosa que hago. Supongo que todos la tenemos. Esa etapa delicada y bellísima en la que la que tus cimientos se van asentando, en la que la nuestra mirada es más creativa que nunca y nos sentíamos capaces de hacer cualquier cosa. Recordamos los olores, las personas y lo que hicimos con tanta claridad que parece que fue ayer cuando jugábamos con nuestros hermanos y nuestros padres nos leían cuentos.
Revivir la agradable sensación de ser arropada en mi cama y escuchar una y otra vez historias mágicas y llenas de aventuras, es uno de los momentos que más me reconfortan. Creo que estos instantes hacen que los niños afiancen su personalidad, fomenten su imaginación y se sientan especiales, al menos a mí me sucedió así. Por eso, tengo claro que cuando Emma crezca un pelín más vamos a instaurar la rutina de leer juntas antes de apagar la luz. Poco a poco estoy creando su biblioteca.
El libro La magia de mi nombre promete ser sin duda uno de nuestros preferidos. Es un cuento personalizable con el nombre del niño o la niña, lleno de historias fantásticas a través de las cuales el personaje descubre página a página qué cualidades tiene su nombre y ellos mismos.










