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| Foto: Elena Prieto Landaluce |
Después de encontrar aparcamiento, estaba yo montando el carrito de bebé dispuesta a llegar puntual a mi cita, cuando me vino a la cabeza la primera vez que tuve que acudir yo sola al médico después de dar a luz y tras que mi marido se incorporara a trabajar.
Para poneros en situación, mi centro está situado al final de una larga pendiente en un barrio de Madrid lleno de calles estrechas, irregulares, en las que las plazas de aparcamiento brillan por su ausencia. Uno de esos barrios de periferia que la gran ciudad a acabado por absorber.
Recuerdo meter a la niña en el coche, dudando sobre si realmente estaba bien sujeta. La alegría de por fin encontrar sitio. Salir del coche con cuidado, porque los puntos aun estaban tiernos. Armarme de paciencia al abrir el maletero para unir las piezas de ESO que veía a otros montar con tanta facilidad. Y volar porque se hacía tarde.
Algo que antes me costaba horrores, que ahora hago con bastante facilidad. Me sentía una auténtica panoli...
Y lo fuera más o menos que otras recién paridas, la verdad es que uniendo los puntos, ahora me doy cuenta de que objetivamente eran mogollón de cosas desconocidas, que sin una explicación, había que domar sobre la marcha.
Hasta aquí era como adaptarse a una situación nueva (que no es poco). Palpar e irse familiarizando. Cogerle el tranquillo.
Pero es que yo creo que la cosa va más allá. Porque además de pisar terreno desconocido, lo de la maternidad me ha parecido un atropello de grandes contradicciones que se sucedían ante mis ojos sin que nadie llegara nunca a aclararme (de ahí lo de MATERNICIÓN = MATERNIDAD + CONTRADICCIÓN).
Y esto va sin intención de desanimar a las futuras mamás ni mucho menos, sino más bien de contar mi experiencia para desahogarme, y quizás de poner en sobre aviso a las más sensibleras como yo. Creo que lo hubiera agradecido.
Y lo fuera más o menos que otras recién paridas, la verdad es que uniendo los puntos, ahora me doy cuenta de que objetivamente eran mogollón de cosas desconocidas, que sin una explicación, había que domar sobre la marcha.
Hasta aquí era como adaptarse a una situación nueva (que no es poco). Palpar e irse familiarizando. Cogerle el tranquillo.
Pero es que yo creo que la cosa va más allá. Porque además de pisar terreno desconocido, lo de la maternidad me ha parecido un atropello de grandes contradicciones que se sucedían ante mis ojos sin que nadie llegara nunca a aclararme (de ahí lo de MATERNICIÓN = MATERNIDAD + CONTRADICCIÓN).
Y esto va sin intención de desanimar a las futuras mamás ni mucho menos, sino más bien de contar mi experiencia para desahogarme, y quizás de poner en sobre aviso a las más sensibleras como yo. Creo que lo hubiera agradecido.


