Estoy rozando las 29 semanas de embarazo y aunque me considero una persona aplicada a la que no se le suelen acumular las tareas, esta ocasión está siendo una excepción.
Que sucedan varias cosas buenas a la vez (que deseas desde hace tiempo) supone el doble de alegría, pero también supone más trabajo de organización y mentalización. Un nuevo Madrid y la llegada de un precioso bebé a la vez no son moco de pavo.
Al enterarnos, hemos avanzado con cuidado. Tanto, que a veces el movimiento apenas se apreciaba. Prácticamente congelados mientras los días, semanas y meses transcurrían. Nuestro proceso interior pedía que siguiéramos agazapados mientras el mundo continuaba su desenfrenado ritmo, que no era el nuestro. Pasos de tortuga que me han llevado a despertarme hoy de ese ensoñamiento de prudencia y pavor que me ha protegido durante seis meses y medio.
Pero resulta que abril se acerca a pasos agigantados y esta mañana he decidido hablar abiertamente de ello porque el miedo ya no puede retener más a la ilusión y a la responsabilidad de afrontar este acontecimiento.

