Me impresiona demasié, hasta hacerme salir
en las fotos con un gesto extraño, que en realidad no refleja mi verdadera
expresión.
Admiro a los que tiene
la capacidad natural de estar relajados y salir de muerte, e incluso a
aquellos “asquerosos” que pueden permitirse hasta juguetear, cambiar de
expresión, de postura hasta tener un montón de imágenes en las que salen
favorecidísimos.
A mí eso me cuesta hasta cuando es mi marido el que me tira
la foto (que más confianza no puede haber) y voy requetepuesta para un tinglao
(no es como cuando estás en tu casa con pelos de loca y sin gota de maquillaje,
que no quieres que te saquen ni de lejos).
Pero que no me guste el objetivo no quiere decir que no me guste tener una buena foto en la que al mirarla me vea guapa y decente. Alguna que quizás pueda enmarcar por el resto de mis días y de viejecita me recuerde que una vez fui joven.
Menos mal que hace unos días conocí a Susana de Sugar Fotografía.
Una amiga me habló de una chica con mucho gusto y especial sensibilidad que hacía unas fotos preciosas de bebés y embarazadas. No era mi caso, pero lo que si lo era es la preferencia por la fotografía espontánea con entornos naturales de fondo, que le daban un toque aun más natural.
Yo necesitaba una buena imagen...Y se me ocurrió pedirle ayuda.
Menudo descubrimiento.
Yo necesitaba una buena imagen...Y se me ocurrió pedirle ayuda.
Menudo descubrimiento.



