Celebramos más de 300 días viviendo fuera de Madrid, lejos de la vorágine de la intensa rutina, de familia y de amigos, a los que echo muchísimo de menos. Pero resulta que durante este tiempo algo ha cambiado dentro de mí, porque aunque en ocasiones siguen apareciendo mis inevitables malos humos, me noto una persona más sociable, más paciente, y sobre todo más feliz.
Creo que lo que me pasa es que para mí el significado de "calidad de vida" se ha transformado.
Vivir con menos, disfrutar de más y durante más tiempo.


