Qué ganas de vacaciones. GANAS A RABIAR. Una mudanza, un parto y los primeros meses del bebé dejan agotados a cualquiera.
Haremos maletas, llenaremos el coche de los cachivaches de Emma y Sam y nos perderemos como entonces. Furtivamente y con deseos de zambullirnos tan hondo que perdamos la consciencia de la realidad. Sólo que hoy somos 4, antes 2. Pero lejos de pesar, el nuevo número enriquece.
Mientras pienso en qué que meter en mi maleta, me he acordado de todo lo que que he aprendido y puesto en práctica gracias a Marie Kondo. La encontré por casualidad a finales de año a través de June Lemon y empecé a leerla un poco después. Más allá de su famosa forma de organizar los cajones, ha cambiado la manera que tengo de relacionarme con los objetos que poseo. De adquirirlos, ordenarlos, desecharlos y disfrutarlos.
La leí y subrayé con mucha emoción porque cada página que avanzaba sentía que estaba encontrando respuestas a muchos temas. Las piezas encajaban y encontraba explicaciones a comportamientos propios y ajenos.
¿Cómo es posible que la relación que tenemos con las cosas inanimadas que nos rodean puede influir tanto en nosotros? Aun alucino pensándolo. Es un tema que me apasiona porque en casa de mis padres siempre se han acumulado las cosas a montones y creo que si instauramos un vínculo sano con nuestros objetos podemos ser mucho más felices.
¿Vosotros la habéis leído?
El libro está repleto de verdades. Yo remarco las que se me han grabado a fuego:
¿Vosotros la habéis leído?
El libro está repleto de verdades. Yo remarco las que se me han grabado a fuego:

